Me explicaste que no amar a nadie es otra forma de estar solo, que los abrazos son reflejos primitivos de protección física, ahora elevados a otros planos cerebrales. Pero al final significan algo parecido: estoy presente, aquí para cuidarte.
Y ahora hago, yo solo, mis propias hipótesis incomprobables, que parecen ciertas por lógica intuitiva. Realicé ensayos sobre besos, miradas y sonrisas. Incluso deduje por qué la gente no se come a las gallinas, haciendo un símil con el amor y las mentiras.
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