Hay una lechuza blanca que a veces se asienta en la barda por la que los pájaros pueden ver mi cama.
Hay una lechuza blanca que procura no tapar la luna cuando su órbita coincide con mi cabeza en la almohada.
Hay una lechuza blanca que mueve sus alas cuando pongo las canciones de las cuales me gustan más sus palabras.
Hay una lechuza blanca que me convence de creer en ciertas magias y abrir mi mente para poner a prueba el alma.
Hay algunas cosas que, entre más las piensas, tu mente más las niega, pero sabes la verdad en las entrañas.
Y es que... hay una lechuza blanca que aparece cada que mi novia me cuenta que me extraña.
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